En su discurso de cadena nacional del 8 de agosto de 2025, el presidente Javier Milei reafirmó su compromiso con la política de déficit cero y detalló medidas para consolidar el equilibrio fiscal y evitar el financiamiento del gasto público mediante emisión monetaria.
Un antecedente marcado por la crisis
En Argentina, la experiencia más recordada con el déficit cero se remonta a la Ley 25.453, sancionada el 30 de julio de 2001 durante el gobierno de Fernando de la Rúa. En medio de una profunda recesión, fuga de capitales y presiones del Fondo Monetario Internacional, la norma dispuso que el gasto primario del Estado Nacional no podía superar los ingresos.
Si la recaudación caía, el ajuste se aplicaba de forma proporcional a todos los rubros, incluyendo salarios estatales y jubilaciones. La medida implicó recortes del 13% en sueldos públicos, haberes jubilatorios y transferencias a provincias.
Lejos de lograr la reactivación, la ley agravó la recesión, redujo el consumo interno, elevó el desempleo y la conflictividad social. No evitó la crisis de diciembre de 2001, que precipitó la salida anticipada de De la Rúa. Posteriormente, varios de sus artículos fueron declarados inconstitucionales por afectar derechos adquiridos.
El déficit cero como regla de gobierno
En la actualidad, aunque no existe una nueva “Ley de Déficit Cero” formal, el presidente Javier Milei ha colocado el equilibrio fiscal como piedra angular de su gestión. El mandatario insiste en que no vetará el principio de déficit cero, incluso recurriendo al veto de leyes que impliquen aumento del gasto sin financiamiento.
Para el Gobierno, la disciplina fiscal es condición innegociable para bajar la inflación, recuperar la confianza y el crédito internacional, y sostener un crecimiento genuino basado en la inversión privada.
Ventajas y riesgos
Entre los beneficios de mantener el déficit cero, economistas destacan la estabilidad macroeconómica, el control de precios, la menor necesidad de endeudamiento y la previsibilidad para inversores.
Sin embargo, advierten que la política conlleva riesgos: recortes en áreas sensibles como jubilaciones, salud o educación; efectos contractivos si se aplica en un contexto recesivo; y tensiones políticas con provincias, sindicatos y sectores opositores.
Entre la historia y el futuro
La experiencia de 2001 mostró que aplicar el déficit cero en un escenario de recesión profunda puede acelerar una crisis. Milei, en cambio, plantea sostenerlo como una política permanente para revertir décadas de desequilibrios fiscales.
La incógnita que persiste es si la disciplina fiscal podrá convivir con la protección del tejido social y el impulso al crecimiento, o si, como hace 24 años, el ajuste se sentirá más en la calle que en las cuentas públicas.