Según relataron los organizadores —Ayne, Vale, Martín y Flori— la convocatoria superó ampliamente las expectativas. “Pensábamos en unos 500 niños con sus familias, pero se desbordó. Desde temprano la gente empezó a llegar y a la tarde el predio estaba lleno de familias y chicos disfrutando”, comentaron.
La organización estuvo a cargo de 35 personas, entre el grupo inicial y colaboradores que se fueron sumando. Hubo tortas, golosinas, pizzas, sorteos, espectáculos y hasta la entrega de seis bicicletas y autos a batería como premios principales. La mayoría de los aportes surgió de donaciones de vecinos, comercios y panaderías de la ciudad, además de la venta de números que permitió adquirir parte de los regalos.
“Lo más importante fue ver a los chicos felices, que todos se llevaran un regalo y disfrutaran de un día especial. Eso era lo que buscábamos, y se logró con creces”, destacó Martín, uno de los impulsores, quien además ofició de locutor en la jornada.
El grupo también resaltó la solidaridad de la comunidad galvense: “Esto nos deja la enseñanza de que la ciudad es solidaria, que cuando se apuesta por el bien común la gente responde. Fue un trabajo enorme, pero valió la pena”.
La iniciativa, que comenzó con un simple grupo de WhatsApp creado a fines de julio, ya tiene fecha para repetirse el año próximo. Los organizadores anticiparon que habrá nuevos proyectos y que trabajarán con más tiempo para seguir creciendo.
La jornada concluyó con agradecimientos a todos los que colaboraron y con la certeza de que la fiesta se convirtió en un ejemplo de organización comunitaria, donde la unión de voluntades logró regalar un día inolvidable a cientos de niños.