¿Hasta cuándo vamos a naturalizar a los violentos en las canchas de fútbol?

La muerte del policía Eduardo Damián López vuelve a poner en debate una problemática que hace años golpea al deporte argentino.
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El fútbol forma parte de la identidad de los argentinos. Es el deporte que une familias, moviliza ciudades enteras y despierta la pasión de millones de personas. También es el primer deporte que aprenden a amar nuestros niños. Sin embargo, junto con esa pasión, muchas veces también terminan absorbiendo el costado más oscuro: la violencia.

La confirmación del fallecimiento de Eduardo Damián López, de 35 años, vuelve a sacudir a toda la provincia de Santa Fe. El efectivo del Comando Radioeléctrico fue brutalmente atacado con un piedrazo mientras cumplía funciones durante el operativo de seguridad de la final de la Liga Cañadense de Fútbol entre Sportivo Las Parejas y Cremería de Carcarañá.

Tras permanecer internado en estado crítico en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA) de Rosario, se confirmó su fallecimiento como consecuencia de las gravísimas lesiones sufridas en el ataque.

Desde el Gobierno de Santa Fe, el secretario de Gestión Institucional, Federico Angelini, fue contundente: “Para nosotros no son hinchas; son asesinos”. Además, aseguró que el Estado llevará adelante la investigación hasta las últimas consecuencias para que todos los responsables sean identificados y condenados.

Hasta el momento, la Policía de Investigaciones realizó allanamientos y ya hay dos personas detenidas, mientras la Justicia continúa buscando a otros posibles involucrados.

Pero más allá de la investigación judicial, la tragedia obliga a mirar mucho más profundo.

La pregunta vuelve a ser la misma que la sociedad se hace una y otra vez: ¿hasta cuándo?

No puede naturalizarse que un partido de fútbol termine con una persona muerta. No puede aceptarse que quienes concurren a una cancha para disfrutar de un espectáculo deportivo deban convivir con la violencia, los enfrentamientos y el miedo.

Lo más preocupante es que esta realidad también deja una marca en las nuevas generaciones. Miles de chicos llegan cada fin de semana a los clubes para aprender compañerismo, respeto y trabajo en equipo. Sin embargo, muchas veces observan insultos, agresiones, peleas y un mensaje equivocado: que ganar vale más que respetar al otro.

La violencia no nace de un momento para otro. Se alimenta de la intolerancia, de la impunidad y de años de naturalizar conductas que nunca debieron ser aceptadas.

Por eso la solución no pasa únicamente por detener a los responsables cuando ocurre una tragedia. Hace falta una decisión firme para erradicar a los violentos de las canchas, aplicar sanciones ejemplares, fortalecer la prevención y, sobre todo, volver a educar en los valores que el deporte representa.

Dirigentes, jugadores, árbitros, periodistas, clubes, familias e hinchas tienen una responsabilidad compartida. Recuperar el fútbol como un espacio de encuentro depende de todos.

Eduardo Damián López salió a trabajar para brindar seguridad y nunca regresó a su hogar. Su muerte no puede convertirse en una estadística más ni en una noticia pasajera.

Que este dolor sirva para impulsar un cambio real. Porque ningún clásico, ninguna rivalidad y ningún resultado justifican una vida perdida.

El día en que podamos volver de una cancha hablando solamente de fútbol, de goles y de emociones, y no de violencia y muerte, ese será el verdadero triunfo del deporte argentino.