Walter “Tuqui” Garnero: detrás de la industria hay una historia, personas y sueños

En una nueva edición de “Quiénes Somos”, una sección de Medios Integrales junto a Guiza Viajes, nos propusimos conocer un poco más a la persona que está detrás del industrial, del empresario y de la fábrica. Nos sentamos a conversar con Walter “Tuki” Garnero, un joven industrial de nuestra ciudad, presidente de la Cámara de Industrias Metalúrgicas de la Región Centro y vinculado a ADIMRA, pero también hijo, amigo, nieto y alguien que reconoce en sus vínculos una parte fundamental de su historia.
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Hay personas a las que conocemos por lo que hacen. Sabemos dónde trabajan, qué lugar ocupan, qué empresa conducen o qué institución representan. Pero muchas veces conocemos poco de lo que hay detrás de todo eso.

Ese es justamente el espíritu de “Quiénes somos”, el ciclo de Medios Integrales junto a Guiza Viajes: salir por un momento de los cargos y las responsabilidades para conocer a la persona.

Y en esta oportunidad, la charla fue con Walter “Tuqui” Garnero.

El apodo lo acompaña desde chico y terminó convirtiéndose en parte de su identidad. Aunque su abuela todavía lo llama Walter, para la mayoría de quienes lo conocen es simplemente Tuqui.

“Ya está, la mayoría quedó Tuki”, cuenta entre risas. Y agrega: “Con Tuki ya siento más cercanía con las personas.”

De Walter a “Tuqui”, y de estudiante a industrial

Su historia profesional comenzó lejos de una fábrica.

Después de terminar el secundario, Tuqui tuvo la posibilidad de trasladarse a Rosario para estudiar Ingeniería Ambiental. Se recibió y trabajó durante algunos años en esa ciudad, hasta que comenzó a tomar forma un proyecto que terminaría marcando definitivamente su vida profesional.

La empresa tuvo su primera facturación el 1° de octubre, aunque el proceso había comenzado unos siete meses antes. Había que acondicionar el galpón, limpiarlo, ponerlo en condiciones y esperar la llegada de las primeras máquinas.

Así comenzó un camino que ya lleva casi nueve años.

Sin embargo, cuando se le pregunta cómo se define, evita una palabra que muchas veces aparece naturalmente al hablar de quienes están al frente de una empresa.

“Más que empresario a mí esa palabra me incomoda un poco. Industrial siempre digo que soy.”

Y esa identidad industrial fue creciendo junto con su participación institucional.

Tuqui actualmente preside la Cámara de Industria y participa de Adimra, espacios que le demandan tiempo, viajes, reuniones y una importante dedicación personal.

Para él, sin embargo, no se trata de tiempo perdido.

“Uno dice que invierte tiempo. Muchos dicen: ‘¿Qué hacés perdiendo el tiempo ahí?’. No. Uno ya lo toma.”

El valor de involucrarse

Su llegada a las instituciones industriales comenzó hace aproximadamente una década. Recuerda incluso aquel primer acercamiento a la Cámara, donde encontró personas que lo acompañaron, lo orientaron y le permitieron conocer a otros industriales.

En ese recorrido menciona a quienes fueron abriendo caminos antes que él y destaca especialmente la importancia de la generación de industriales que construyó las bases sobre las que hoy otros continúan trabajando.

Para Tuqui, formar parte de una institución implica entender que cada generación recibe algo de quienes estuvieron antes y tiene también la responsabilidad de aportar para quienes vendrán.

Es una mirada que, en buena medida, viene de su propia familia.

Sergio “Bocha” Garnero: una referencia desde la infancia

Su papá, Sergio “Bocha” Garnero, es una figura conocida en Gálvez por su actividad empresarial y por su participación en distintas instituciones de la ciudad.

Tuqui lo recuerda desde chico involucrado en el mundo institucional y particularmente en el club.

Creció viendo reuniones, compromisos, problemas, momentos buenos y momentos difíciles. Y aunque no pretende hacer una evaluación de las decisiones que tomó su padre como dirigente, reconoce que aquella experiencia terminó dejando una enseñanza.

Con el tiempo entendió que detrás de una institución hay personas que entregan horas de su vida para intentar construir algo colectivo.

“Eso lo fui llevando ahí”, explica.

La influencia de su mamá también aparece con claridad. Docente, fue quien le transmitió especialmente la importancia del estudio, la capacitación y el cuidado de los demás.

Cuando intenta resumir qué recibió de cada uno, Tuqui lo expresa de una manera muy sencilla:

“Mi vieja, el estudio, que fue ‘che, estudien, capacítense, estén, cuiden un poco de los demás’. Y mi viejo también: el trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo.”

Dos enseñanzas diferentes que hoy parecen convivir en su propia vida: la formación y el trabajo, pero también la necesidad de involucrarse.

El niño de Barrio Florida

Antes de la fábrica, de las reuniones y de los viajes, estuvo el chico de Barrio Florida.

El mismo barrio donde vive actualmente.

Tuqui recuerda una infancia en la que sus padres trabajaban durante gran parte del día y sus abuelas tenían un rol fundamental en el cuidado y acompañamiento.

Recuerda especialmente a una de sus abuelas viviendo cerca y a la otra acompañándolos durante las tardes.

Y recuerda, sobre todo, a sus amigos.

Las bicicletas, la plaza, las salidas a pescar y los partidos de fútbol forman parte de aquella memoria.

También aparece una anécdota que cuenta con una sonrisa: su abuelo había construido un arco de fútbol que era tan pesado que tenían que moverlo entre todos.

“Era un solo arco, así que del otro lado había dos trapos. No sé por qué nunca nos hizo dos arcos.”

Son recuerdos de una época sin celulares, sin redes sociales y prácticamente sin dispositivos electrónicos.

Incluso recuerda que junto a sus amigos juntaban botellas para vender.

“Uno de los chicos se compró la primera bici con la primera junta de botellas”, cuenta.

No recuerda aquella infancia por lo que no tenían, sino por todo lo que sí tenían: tiempo, amigos, barrio, familia y libertad para jugar.

El presente: trabajo, viajes y poco tiempo en casa

La vida actual es muy diferente.

Tuqui está en pareja con Sol desde hace aproximadamente cinco años. No tiene hijos y comparte su casa con su perra.

Pero el ritmo laboral es intenso.

La fábrica, los viajes, las reuniones, la actividad institucional y los compromisos hacen que muchas veces pase largas jornadas fuera de casa.

Él mismo reconoce que uno de los desafíos más importantes es encontrar el equilibrio entre las distintas partes de su vida.

“Te tenés que distribuir en esas tres cosas y es complejo”, explica, haciendo referencia a lo laboral, lo social y lo familiar.

Y allí aparece una de las contradicciones de su vida actual: mientras construye proyectos y dedica tiempo a la industria y a las instituciones, también sabe que ese tiempo necesariamente sale de algún otro lugar.

Por eso valora tanto los momentos sencillos.

Una reunión.

Un asado.

Una tarde con amigos.

Una juntada familiar.

“Para mí la juntada es el asado.”

Y disfruta especialmente poder vivir esos momentos en Gálvez, con personas que conoce desde hace muchos años y con otras que fue incorporando a su vida a través del trabajo y la actividad industrial.

Los amigos: mucho más que una juntada

Los amigos ocupan un lugar especial en la historia de Tuqui.

Cuando se le pregunta cuánto los quiere, la respuesta es clara:

“Son como familia.”

Pero cuando la conversación pasa a cómo es él como amigo, no se pone una nota.

Prefiere que sean sus propios amigos quienes lo describan.

Incluso bromea imaginando los mensajes que seguramente aparecerán en los grupos de WhatsApp después de que se publique la entrevista.

Su autocrítica no apunta a la calidad del vínculo, sino a la cantidad de tiempo que puede dedicarle.

Por sus responsabilidades, muchas veces siente que no está en casa todo lo que quisiera.

Pero hay una diferencia importante entre no estar físicamente y no estar para los demás. Y en su relato queda claro que los vínculos tienen un lugar que va mucho más allá de la frecuencia con la que puede concretarse una juntada.

Un momento de emoción

Hacia el final de la entrevista, la conversación toma un giro inesperado.

Después de hablar de cuánto quiere a sus amigos y de describirlos como parte de su familia, surge una pregunta más íntima:

¿Perdiste algún amigo alguna vez?

Tuqui se emociona.

La pregunta lo toca profundamente. Se quiebra y, sin necesidad de explicar demasiado, prefiere pasar a otro momento de la entrevista.

Es un instante breve, pero significativo.

Por unos segundos desaparecen el industrial, el dirigente, la fábrica y los viajes.

Queda solamente Walter.

El amigo.

La persona que tiene vínculos, recuerdos y afectos que evidentemente ocupan un lugar profundo en su historia.

Una mirada preocupada sobre la Argentina

La conversación también llega a un tema que, reconoce, comenzó a ocupar cada vez más espacio en sus pensamientos: el futuro del país.

Como industrial, observa con atención la situación del sector y reconoce que los números actuales generan preocupación.

Pero su mirada va más allá de su propia actividad.

Le gustaría ver una Argentina donde puedan crecer la industria, el campo, la minería, la energía, la ciencia y la matriz agroindustrial.

Y hay algo que considera especialmente importante: que los jóvenes puedan encontrar oportunidades para desarrollarse en el país.

También expresa preocupación por la división social.

No considera negativo que existan diferentes pensamientos.

“Podés creer cuestiones de país distintas, no lo veo mal. Que discutamos, debatamos…”

El problema, según su mirada, aparece cuando esas diferencias impiden construir objetivos comunes.

“…pero sí que tiremos todo para el mismo lado.”

Esa preocupación ocupa un lugar importante en su presente.

El consejo que le daría al Walter que empezaba

Si pudiera sentarse frente al Walter que recién comenzaba su camino empresarial, ¿qué le diría?

La respuesta es inmediata:

“Hacé costos.”

Y detrás de esa frase hay una experiencia personal.

Explica que uno puede pensar que si compra algo a un peso y lo vende a dos ganó un peso, pero entre esos dos valores existe una enorme cantidad de costos que deben contemplarse: impuestos, energía, alquiler, contador y muchos otros.

Su consejo es simple, pero contundente:

“En cualquier negocio hoy y siempre hay que hacer costo, calcular costo.”

Incluso considera que actualmente las nuevas herramientas tecnológicas pueden ayudar a cualquier emprendedor a ordenar y analizar esa información.

¿Qué significa el éxito?

La pregunta parece sencilla, pero la respuesta vuelve a mostrar a un Tuqui que no tiene demasiadas certezas cuando se trata de definirse a sí mismo.

Primero fue terminar la carrera.

Después conseguir determinados trabajos.

Luego pensar en un emprendimiento propio.

Más tarde llegó la fábrica, las máquinas, la producción y nuevos objetivos.

Cada vez que alcanzaba una meta, aparecía otra.

Por eso reconoce:

“No sé si existe esa palabra o, como te digo, no llegué al éxito que quería o no la veo tal como es.”

Quizás porque para él la línea siempre está un poco más adelante.

Más allá de la fábrica

Y entonces aparece una de las preguntas más importantes de toda la entrevista.

Después de años de trabajo, de construir una fábrica, de participar en instituciones, de viajar y de asumir responsabilidades:

¿Qué quiere dejar?

La respuesta no está relacionada con lo material.

No habla del galpón.

No habla de las máquinas.

No habla de la producción.

Habla de las personas.

“En las personas.”

Es una frase corta, pero que adquiere otra dimensión después de escuchar toda su historia.

Porque Tuqui sabe que el esfuerzo de estos años puede medirse en una empresa, en una fábrica o en aquello que logró construir profesionalmente.

Pero también quiere que ese esfuerzo tenga otra consecuencia.

Que pueda dejar algo en quienes lo rodean.

Que pueda aportar a su ciudad.

Que pueda acompañar procesos.

Que pueda ayudar a construir instituciones.

Que pueda dejar vínculos.

Y quizás, por encima de todo, que pueda dejar una huella humana.

Una historia que todavía se está escribiendo

A los 36 años, Walter “Tuqui” Garnero todavía habla de proyectos, de objetivos y de cosas que quiere alcanzar.

No se presenta como alguien que llegó a una meta definitiva.

Por el contrario, parece estar todavía recorriendo el camino.

Entre la fábrica y las instituciones.

Entre los viajes y su casa.

Entre las responsabilidades y las juntadas.

Entre el industrial y el Walter que nació y creció en Barrio Florida.

Entre lo que aprendió de sus padres y aquello que ahora le toca construir por sí mismo.

Y en ese recorrido aparece una idea que atraviesa toda la entrevista: el valor de las personas.

Porque detrás del empresario, del industrial y del dirigente, existe una historia familiar, una infancia, amigos, afectos, pérdidas, sueños y preocupaciones.

Existe, en definitiva, una persona.

Y eso es precisamente lo que busca mostrar “Quiénes somos”.

Quiénes somos

La entrevista a Walter “Tuqui” Garnero forma parte del ciclo “Quiénes somos”, realizado por Medios Integrales junto a Guisa Viajes.

Un espacio pensado para conocer a quienes forman parte de nuestra comunidad desde un lugar diferente: no solamente por lo que hacen, sino por quiénes son detrás de aquello que todos vemos.

Porque detrás de cada profesión, cada empresa, cada institución y cada responsabilidad, siempre hay una historia.

Y esta es la historia de Tuqui.